Introducción:
Los médicos han estado vinculados al proceso revolucionario en cada etapa histórica del pueblo cubano, como demuestra la incorporación de numerosos galenos a las filas insurrectas mambisas y más contemporáneamente a las tropas rebeldes, constituyendo el Cuerpo de Sanidad Militar. Una muestra fehaciente de ello lo constituye la figura de Manuel Fajardo Rivero, Piti, más cariñosamente.
Objetivo:
Valorar a Manuel Piti Fajardo Rivero a partir de su dimensión personal y labor como médico guerrillero y revolucionario convencido, desde el testimonio de quienes lo conocieron.
Método:
Se realizó un análisis documental por vía manual y también automatizada, empleando buscadores de confianza como Google académico y SciELO, sobre el médico rebelde Manuel Piti Fajardo Rivero. Se consultaron 25 fuentes bibliográficas en idioma español, de las cuales el 60 % correspondió a los últimos cinco años.
Desarrollo:
Se presenta al joven alegre, inquieto, hijo devoto y padre amoroso, al médico de vocación y al audaz combatiente en los días de clandestinidad y guerrilla, que brindó su aporte a la curación de heridos y enfermos, pero también al logro de la victoria definitiva tras la cual desempeñó tareas de impacto en la construcción de la sociedad soñada por los cubanos.
Consideraciones finales:
Piti Fajardo fue un excepcional revolucionario y ser humano, noble, de principios firmes y con alto sentido de la justicia y amor al prójimo, como expresaran con enfoque anecdótico quienes lo conocieron. Su nombre será siempre llevado con cariño.
Introduction:
Doctors have been connected with the revolutionary process in every historical stage of the Cuban people, demonstrated by the incorporation of several of them to the Cuban independence fighters, named Mambises, and closer in the time to the rebel troops (guerrillas), constituting the Military Health Corps. An example of this is Manuel Fajardo Rivero, more affectionately called Piti.
Objective:
To value the personal dimension, work as a doctor in the (guerrilla) and as a great revolutionary of Manuel Piti Fajardo Rivero, from the testimony of those who knew him.
Method:
A manual and automated documentary analysis was carried out about the warrior doctor Manuel Piti Fajardo Rivero, using reliable search engines such as academic Google and SciELO. Twenty-five Spanish-language bibliographic sources were consulted, 60% of them corresponded to the last five years.
Development:
Is presented the happy and restless young man, devoted son and loving father, the doctor by vocation and the daring warrior in the days of clandestinely and the guerrilla warfare, who contributed to the healing of the wounded and sick people from the battle, but also contributed to the achievement of the definitive victory after which he carried out tasks of impact in the construction of the society dreamed by the Cuban people.
Final considerations:
Piti Fajardo was an exceptional revolutionary and human being, with good feelings, a principles person and with a high sense of justice and love for others, as expressed with anecdotal focus by those who knew him. His name will always be carried with affection.
- médicos cubanos en la guerrilla;
- Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Rebelde;
- Manuel Fajardo Rivero;
- Piti Fajardo.
- Cuban doctors in the guerrilla;
- Military Health Corps;
- Manuel Fajardo Rivero;
- Piti Fajardo.
Introducción
La historia no viaja a saltos, sino que sigue un hilo conductor que la va entretejiendo, donde las realidades específicas de cada época se condicionan en una unidad indisoluble e infinita. Cada período histórico ha llevado a la sociedad hasta la actualidad y ha determinado, en gran medida, la actuación de los hombres, en sintonía por supuesto con el sistema de principios, concepciones y creencias del individuo que precisamente esa sociedad donde se desarrolla contribuye a formar y consolidar.
Durante las guerras de independencia de Cuba un importante número de médicos cubanos formados en universidades europeas y norteamericanas se incorporó a las fuerzas mambisas para curar heridos y enfermos.1
En enero de 1899, con la ocupación militar norteamericana, comenzaba quizás la etapa más compleja para la historia de Cuba hasta aquel momento. El colonialismo español había sido derrotado, pero la Isla no era libre e independiente.2) Comenzaría pocos años más tarde la República Neocolonial, con un panorama social desolador.
Se estima que las pérdidas humanas en la guerra fueron más de 300 000. Viudas, niños huérfanos mal nutridos, ancianos, enfermos y una gran cantidad de personas desamparadas y hambrientas componían la mayoría de la población de la isla.3) Médicos que participaron en la contienda concluida en 1898 se sumaron a la asistencia y preparación del personal de salud elevando el conocimiento científico al transmitir sus experiencias en eventos científicos y publicaciones médicas de la época.1,4,5
El desamparo en asistencia médica6) que sufría la población cubana en la etapa fue denunciado por Fidel Castro en su alegato La historia me absolverá durante el juicio por el asalto al cuartel Moncada. Al planificar este asalto, Fidel garantizó la atención a los heridos de ambas partes al indicar a un grupo de compañeros que se dirigieran al hospital “Saturnino Lora”, entre ellos, al Dr. Mario Muñoz Monroy, a quien el líder pidió dejar el uniforme militar y ponerse la bata blanca.1
Con la llegada de los expedicionarios del Granma iniciaba una nueva etapa en la lucha contra la dictadura7; de ellos saldría el incipiente Cuerpo de Sanidad Militar del futuro Ejército Rebelde para asegurar las acciones combativas. Para esto, Fidel nombró a los doctores Ernesto Che Guevara de la Serna y Faustino Pérez Hernández, acompañados de un técnico de Rayos X, Santiago Hirzel.1
El fracaso de los hechos del 13 de marzo de 1957, unido a la corrupción, pobreza y escasez de recursos humanos que caracterizaba la situación sanitaria8, dejó claro que para ser médico revolucionario o para ser revolucionario, primero había que tener una Revolución, que de nada servía el esfuerzo, la pureza de ideales, el afán de sacrificar toda una vida al más noble de los mismos, si ese esfuerzo se hacía solo, luchando contra los tiranos y las condiciones sociales que impedían avanzar.9
La estrategia tenía que ser necesariamente la unidad en la lucha insurreccional en la sierra, el llano y la ciudad, combinada y armónicamente. Para 1958 la lucha se extendía a todo el país, con activa participación del pueblo en los diferentes escenarios.7
Durante la lucha en la Sierra Maestra, entre otros cambios, se estableció una organización salubrista básica que garantizó la atención médica de la tropa y del campesinado durante las acciones combativas de la guerrilla y los ataques del ejército batistiano. Ello se extendió durante la invasión a Occidente. Se sentaron las bases del médico de guerrilla y del futuro médico revolucionario; en el desarrollo de la concepción sobre salud pública y la atención médica revolucionaria desempeñaron un rol destacado las ideas del Che y Fidel.7,10
El propio Guerrillero Heroico, su primer jefe, identificó las etapas por las que pasó la Sanidad Militar del Ejército Rebelde. En la primera fase, los médicos también viajaban como soldados, siempre con sus compañeros.11 Los hospitales comenzaban en una mochila. Los médicos hacían grandes caminatas, participaban en los combates o estaban cerca para asistir a los heridos y realizaron proezas en difíciles operaciones quirúrgicas con insuficiente instrumental y medicamentos.12
En la segunda fase, se establecían campamentos más estables y se usaban casas de colaboradores para atender enfermos. En la última, la atención médica se distribuía en tres escalones: en la línea de combate; otro más alejado del frente, donde pudieran trabajar cirujanos especialistas; y otro, en lugares bien protegidos, inaccesibles prácticamente para el enemigo, donde se establecían los hospitales. Allí los pacientes podían permanecer hasta recuperarse para regresar nuevamente al combate y podían instalarse equipos de radiología y laboratorios.11
Al subdividirse en diferentes frentes, el Ejército Rebelde recibió a los doctores Julio Martínez Páez (que sustituyó al Che), Sergio del Valle Jiménez, José Ramón Machado Ventura, René Vallejo Ortiz (que llevó a su hermano Rolando como técnico de anestesia, mejorando así la calidad de la cirugía de campaña) y otros médicos, estomatólogos, enfermeros, técnicos y estudiantes de Medicina, que fundarían hospitales. Uno de estos médicos fue Manuel Fajardo Rivero.11,13
Es importante señalar que cuando se fundó el Departamento de Salud del Segundo Frente en 1958, que prestó recursos al Ejército Rebelde y a la población rural, se puso a la avanzada médica revolucionaria en control real de la situación médico-social del campesinado. El Cuerpo de Sanidad Rebelde, continuador de la Sanidad Militar Mambisa, fue punto de partida del Servicio Médico Social Rural que establecería la Revolución a trece meses del triunfo como primera medida contra la tragedia campesina y preludio de las grandes transformaciones que experimentaría la salud pública de Cuba11) y que la convertirían en paradigma para todas las naciones del mundo.
Dado que en la historia de Cuba los médicos siempre se han vinculado al proceso revolucionario, actuando como soldados, jefes militares y en la asistencia a los heridos y necesitados; a la importancia que la salud del pueblo tiene para el gobierno cubano; a las condiciones en que ejercía el Cuerpo de Sanidad Militar Rebelde y al papel desempeñado por figuras de la talla de Piti Fajardo, las autoras consideraron necesario recopilar la dispersa bibliografía existente en torno a quien defendió la Revolución con su vida.
El objetivo del presente artículo es valorar a Manuel Piti Fajardo Rivero a partir de su dimensión personal y labor como médico guerrillero y revolucionario convencido, desde el testimonio de quienes lo conocieron. Esto pretende lograrse con un enfoque cercano, buscando develar, a la par de su obra como médico y soldado, al hombre detrás del héroe.
Método
Las autoras buscaron acercarse a la figura del médico rebelde Manuel Piti Fajardo Rivero, para lo cual realizaron un análisis documental por vía manual y automatizada.
Se emplearon buscadores de confianza como Google académico y SciELO a partir de palabras claves como: médicos cubanos en la guerrilla, Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Rebelde, Manuel Fajardo Rivero y Piti Fajardo.
Se consultaron 25 fuentes bibliográficas en español, de las cuales el 60 % correspondió a los últimos cinco años.
Desarrollo
Cuentan que Manuel Fajardo Rivero, Piti para sus familiares y amigos, era un joven de pequeña estatura, delgado, ágil, de apariencia endeble, pero férreo carácter. Siempre alegre, simpático y buen comunicador.14 Joven inquieto, pero maduro, mantenía una mirada serena bajo las cejas bastante oscuras y pobladas.15 Su espíritu luchador y amor por los deportes hicieron de él un destacado jugador de voleibol16,17, pasión que lo convertiría en una especie de promotor de este en Manzanillo, donde asumía casi la mitad de los gastos y el traslado del equipo en su Chevrolet de 1955.15
Más tarde, cuando la Patria lo necesitó, ganó a un audaz combatiente, con gran resistencia para la marcha y la pelea.18
Piti había nacido el 8 de noviembre de 1930 en Manzanillo, Granma.16,19) Tuvo el honor de crecer y educarse al amparo de la doctora Francisca (Panchita) Rivero Arocha (Figura 1), mujer de altas virtudes como madre, profesional y revolucionaria; ella le inspiró inquietudes patrióticas y la vocación por la Medicina.20 Su madre fue la primera doctora cubana de piel negra y años más tarde, a la caída del machadato, primera mujer directora de hospital (Hospital Civil de Manzanillo).16) Llegó a ser prestigiada en esta ciudad con el título popular de “Médico de los pobres”.15
Ella explicó el origen de aquel apodo de su hijo: “Mi hermana Enma era una muchacha muy graciosa y ocurrente (…). En la escuela de ella había un muchacho al que le decían Pitinti mi gallo y cuando nació mi hijo dijo: ‘Pero si está aquí Pitinti mi gallo’. Y le decíamos Pitinti hasta que se fue acortando y se le quedó Piti”.15
Nadie mejor que ella para caracterizar la niñez de su hijo: “La infancia de Piti transcurrió como la de cualquier otro menor; jugaba bolas, le gustaban las postalitas…”.20) En los solares del pueblo jugaba pelota y quimbumbia con los primos y los amiguitos pobres. Practicaba ciclismo y natación, pero en las noches inviolablemente estudiaba las lecciones con su madre, quien le formó un hábito de aprendizaje que nunca abandonaría.15
Desde temprana edad el niño manzanillero daba muestras de inteligencia. A los dos años de edad, la madre lo llevaba a pasear por el parque de la ciudad. Ella le decía que si le apretaba la mano saludara: “entonces, - recordaba ella- cada vez que pasaba alguien por nuestro lado le apretaba su manito y él decía: buenos días o buenas tardes, y aquello hacía que la gente se sorprendiera y él ganara afectos”.20
Cursó sus estudios primarios y el bachillerato en su pueblo natal.19) Con apenas 17 años ya se conmovía por los agravios a la Patria, junto a su madre se incorporó al rechazo popular por el ultraje a la simbólica campana de La Demajagua15, lo cual denota el desarrollo precoz de su conciencia patriótica y deseo ferviente de preservar la memoria histórica, a la par que hace gala de su valentía.
Recorrió, además, la ciudad en protesta por el asesinato de Jesús Menéndez.15 Es meritorio destacar la marcada influencia que ejerció su madre en la formación de los valores y concepciones que lo acompañarían a lo largo de su vida, pero también de sus inquietudes revolucionarias, de sus ansias de libertad y justicia social y de defensa de los menos favorecidos, de la gente simple de pueblo.
En 1948, acabado de recibir el título de Bachiller en Ciencias y Letras, Panchita lo premió con un viaje a Estados Unidos16) para conocer al “país de las maravillas”, como lo describía la prensa de entonces. Allí se encontró con una realidad diferente: con la discriminación racial, el desprecio a los latinos y los abismos de clase. Llegó incluso a escribir: “No me gustan los negros de Miami porque son muy sumisos”.15
Esta sencilla frase engloba su convicción de no ceder, no doblegarse ante esa doctrina falsa de la superioridad basada en la diferenciación racial, moralmente condenable, que resume lo más despreciable del ser humano. Dejaba entrever así, con su desacuerdo, su disposición de enfrentarse a las injusticias y transformar la realidad para bien.
A su regreso, matriculó Medicina en la Universidad de La Habana.19) Contaba su madre que integró el equipo de voleibol del centro de altos estudios y que, también, era excursionista, “pues aunque era delgadito tenía las piernas muy fuertes”.20
Admiraba a su madre y de ella tomaba consejos, pero hubo uno que desobedeció, de lo cual Panchita luego se sintió orgullosa: “Como conocía bien su espíritu, temía que se fuera a meter en litigios políticos. Entonces hicimos un pacto: se comprometió a no meterse en problemas hasta que se graduara. Aceptó y me dijo: «Bueno, hacemos el pacto, pero cuando me gradúe, ¿tú me das la libertad?». Le respondí que sí, pero no cumplió porque se enroló en varias manifestaciones estudiantiles”.20
Y es que durante su estancia en la capital, Piti Fajardo se vinculó a la juventud ortodoxa y a las manifestaciones estudiantiles de la época15) que organizaba la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) contra la tiranía; ejemplo de ello fue contra el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952.14) Desde su fundación y ya para ese momento, la FEU había devenido organización rectora del estudiantado universitario. Aún en el presente, y de la mano de las características propias de la sociedad socialista cubana, la FEU defiende los intereses de jóvenes que, como aquellos, están comprometidos con su tiempo y dispuestos a actuar como y cuando las circunstancias lo ameriten.
Una vez graduado en 1955, en reconocimiento a sus excelentes notas, Piti obtiene una plaza de cirujano residente en el Hospital de Emergencias de La Habana (hoy Freire Andrade).16-18) Al regresar a su ciudad natal con 25 años, con un prestigio ganado como cirujano al haberse destacado durante sus prácticas en el hospital Calixto García20, trabajó en el Hospital Civil con el comandante y reconocido cirujano Dr. René Vallejo, en su clínica La Caridad, donde laboraba también su madre. Incluso viajaba a Niquero los domingos para practicar cirugías.19) En La Caridad prestaban servicios clínico-quirúrgicos gratuitos a los necesitados de Manzanillo y a los revolucionarios heridos de la clandestinidad y del Ejército Rebelde.15-17
“Los únicos golondrinos que yo he tenido en mi vida me los operó Piti”, cuenta Georgina Mendoza. Su hermana la llevó al hospital con fiebre y sin dinero y para entrar debían pagar 10 centavos. Mandaron a buscar a Piti, quien la inyectó y le pidió que volviera a su consulta donde existían mejores condiciones. Ya terminada la cirugía, cuando preguntaron el precio, él miró a la chiquilla, le puso la mano en la cabeza y dijo: “Siempre que saques buenas notas me estarás pagando la operación”.15
Este principio demuestra su vocación por la Medicina, al centrar su atención en los enfermos, independientemente de sus posibilidades económicas, con el verdadero enfoque humanista y la empatía que demandan una profesión como esta, que busca aliviar si no puede curar, y apoyar si no puede aliviar, sin esperar nada a cambio, sino solo - como escribiera el Apóstol de la independencia de Cuba - por la satisfacción que se siente muy dentro cuando se ha hecho algún bien.
Pero, también, desde allí salían medicamentos y recursos para los Rebeldes en la Sierra. Al producirse el desembarco del yate Granma, Fajardo y Vallejo contactan con Celia Sánchez para colaborar en lo necesario.14) Ello convirtió a la clínica en un hospital de guerra clandestino, que despertó sospechas de los agentes del régimen de Batista en aquellos lares.20
Al conocerse la vinculación de ambos galenos con los revolucionarios, las fuerzas represivas al mando del esbirro Salas Cañizares, célebre por sus asesinatos, asaltaron la clínica y detuvieron al Dr. Vallejo quien, al ser liberado gracias al pueblo manzanillero que reclamó con insistencia su libertad, se incorporó a la Sierra Maestra, en la Comandancia de La Plata, donde estaba Fidel Castro, máximo líder del movimiento guerrillero. Piti le siguió poco después, el 24 de marzo de 1958.16-19) No necesitó mucho tiempo para comprender que su estrella asomaba a lo lejos, dibujada de rebelde.
El trabajo junto al doctor Vallejo representó una gran experiencia profesional para el joven médico. La amistad surgida entre ellos, al compartir ideales profesionales y ciudadanas, se consolidó durante la lucha insurreccional.16,21
Existe una anécdota que demuestra lo planteado y que data de 1963, cuando Vallejo fungía como médico de Fidel y cirujano del recién fundado Instituto Nacional de Cirugía y Anestesiología (INCA) del Hospital de Emergencias. Contaba el galeno que en la entrega de guardia, al encontrar un difícil caso quirúrgico: “en ese momento extrañé a mi compañero y amigo, al cirujano Piti Fajardo”.16
En las montañas orientales Fajardo participó en la atención sanitaria junto a médicos como Julio Martínez Páez, Sergio del Valle Jiménez, José Ramón Machado Ventura y otros, alternando sus funciones de médico con las de soldado, en ocasión de participar en los combates de Santo Domingo, Providencia, Cuatro Caminos, Las Mercedes, El Jigüe, Cerro Pelado, Veguitas, El Meriño y El Salto; los que le merecieron el grado de capitán por el coraje demostrado.16
Participó activamente en la construcción del hospital de campaña de Pozo Azul y otros, en la Sierra Maestra, durante la lucha insurreccional. A las órdenes de Fidel, actuó como médico y combatiente y asume el control del arsenal de guerra y la contabilidad de los equipos. Durante la ofensiva batistiana fue médico de primera línea, atendiendo a los heridos dentro del combate.16,21
Al referirse a la incorporación del joven Fajardo, Carlos Rafael Rodríguez expresó: “Llegó de médico y cuando lo conocí ya era un guerrero más. Curaba y luchaba al mismo tiempo…”.20
Cuando Fidel ordena al comandante Eduardo Lalo Sardiñas en 1958 que iba al frente de la Columna No. 12 Simón Bolívar20, que impida que las fuerzas de la tiranía cerquen a las columnas invasoras del Che y Camilo, en el límite de Camagüey y Oriente, en momentos que avanzaban hacia Las Villas, Piti planea con Sardiñas las operaciones y se cumplimenta así la orden.16
Más tarde, las tropas de Sardiñas se dividen en dos grupos con fines operacionales y a Piti se le sitúa al frente de uno de ellos para operar en la zona de Tunas, Holguín, Puerto Padre y Jobabo, entre otras. La Columna No. 12 formaría el Cuarto Frente, donde Piti organizaría las comunicaciones, el hospital y las operaciones militares junto a Sardiñas.16,19
En este contexto se reencuentra con Omar Fernández Cañizares, antiguo compañero de manifestaciones universitarias, que por aquel entonces comenzaba a trabajar como médico de la Columna 32 José Antonio Echeverría. “Su apoyo - al decir de Cañizares - constituyó nuevo motivo de alegría, y la utilidad doble: como médico y guerrillero. Así, ayudamos a salvar las vidas de otros compañeros. Piti fue muy querido por el campesinado, nunca dejó de ofrecer consultas médicas en los pueblos o caseríos por los que pasaba”.14) Una vez más se aprecia su vinculación y preocupación por los humildes.
Al triunfo de la Revolución, se une a la columna de Fidel y llega con ella a La Habana para emprender nuevas misiones.21) Días después, con los grados de comandante, formó parte de la metamorfosis económica, política y social en la Cuba recién liberada del yugo imperialista.22
Pronto fue designado director del Hospital Civil de Manzanillo y, más tarde, del Hospital Militar de Santiago de Cuba, donde precisó organizar, depurar y terminar con un boicot interno contra los servicios médicos.15) En esta responsabilidad, asistió a un Congreso Médico en Porto Alegre, Brasil. También cumplió tareas relacionadas con la Primera Ley de Reforma Agraria.16
Posteriormente, por orden del Comandante en Jefe, es responsabilizado con la construcción de la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos, en medio de la Sierra Maestra, en el Caney de Las Mercedes, junto a varios oficiales y soldados del Ejército Rebelde, donde inauguró la Primera Unidad con 500 Camilitos, el 26 de julio de 1960.4,16,18,19) Fundiciones, trabajos voluntarios, palas, carretillas, construcción de casas a los campesinos, recurrentes encuentros con el Che y Fidel. Un torbellino iluminado con la entrada de los primeros muchachos, guajiritos descalzos, flacuchos, hechizados por el flash de los bombillos eléctricos que entonces creyeron estrellas.15
Poco después, fue médico de cabecera del Comandante en Jefe Fidel Castro, con motivo de una afección respiratoria en 1960.16
En abril de ese mismo año regresó a la Comandancia de Pino del Agua para iniciar las operaciones contra el bandido y excapitán rebelde Manuel Beatón, a quien en poco tiempo capturaron. Meses después, el 7 de septiembre, Fidel lo presentaba como Jefe de Operaciones en la zona del macizo montañoso de El Escambray, como indudable evidencia de confianza en su capacidad política, militar, humanista.15
Panchita Rivero jamás permitió la distancia: “Dondequiera que estuviera mi hijo, allá iba yo a visitarlo (…). Estuve dos veces a verlo en el Escambray. Yo estaba algo inquieta: había recibido anónimos contrarrevolucionarios donde se nos amenazaba de muerte”.15
Piti tenía la misión de limpiar el área de elementos contrarrevolucionarios pagados y organizados por el gobierno de Estados Unidos, a quienes combatió valientemente. Permanecía escasos ratos en la Comandancia de Topes de Collantes. Dirigía personalmente tácticas y estrategias en la zona de operaciones. Las capturas de Plinio Prieto, Porfirio Ramírez y Sinecio Walsh promovieron las primeras raíces del bandidismo.15
La medianoche del 29 de noviembre de 1960, en la carretera de Trinidad a Cienfuegos, apenas a 4,9 km al oeste de la Plaza Mayor de Trinidad, en zona cercana a Topes de Collantes, en la entonces provincia de Las Villas, al frente de una fuerza revolucionaria que perseguía a un grupo de forajidos16) con el compromiso de respetarles la vida, fue herido de muerte en cerco tendido con un disparo próximo a la sien. Falleció horas después en el hospital de Trinidad con apenas 30 años de edad.17,18
Siempre mantuvo una relación especial con su madre. Era claro que ella había sido motor impulsor de su obra, su mejor amiga y paradigma si de Medicina se trata. Justo el día en que sería asesinado, quizás como presagio, le escribió su última carta.
El mensaje transpiraba seguridad y todos los abrazos. “Mi amorcito”, la saludaba con ternura. No la atormentaba en balde. Ni una palabra de bandidos, muerte, persecución: “Por aquí todo sigue en calma”. Se concentraba en la familia, en la salud de la tía Pancha y la operación de Sofía. Acababa de hablar a la esposa por teléfono y se regodeó en la vanidad de padre: “Mis hijas más lindas todos los días”. Sin saberlo, se despedía para siempre con aquel mimoso “Te quiere muchito”.15
“A Piti se le olvidaba muchas veces poner el encabezamiento a las cartas y ese día por la tarde me hizo una cartica donde puso la fecha y la hora, cosa rara en él, y se la entregó a Raúl para que me la llevara a Manzanillo. Raúl salió de inmediato. A Piti lo matan y llegando Raúl a Manzanillo llegó el avión con el cadáver de Piti”, contó Panchita en entrevista concedida en 1992 y conservada en el Museo Nacional de la Lucha Contra Bandidos.15
¿Qué haría un joven de estos tiempos, si le dicen que solo vivirá 30 años? Quizás, Manuel Fajardo nunca se planteó esa pregunta; pero la respondió de forma tan contundente, que su vida parece una carrera contra el tiempo.
Piti no podría ver crecer a su hijita querida (Figura 2), que muchos años más tarde publicaría conmovedoras palabras sobre la figura de este, su Comandante23; tampoco pudo aportar más al proceso de construcción de la nueva sociedad ni al sistema de salud que ponía al ser humano como máxima prioridad, sin ningún tipo de discriminación. En el corazón de Nidia, su entrañable compañera, quedaría un doloroso vacío.16,24
Su madre lo extrañaría siempre. Jamás publicó los detalles de un dolor seguramente fulminante, pero una alumna, María Grant, rescató del silencio tanta angustia:15) “Una tarde de principios del año 1961, en el aula donde cursaba el tercer año del nivel medio general, los varones del grupo comenzaron a tirarse tacos y a formar indisciplina, sin darse por enterados de la llegada de la profesora. Serena y apacible, ella aguardaba por que se hiciera silencio. De repente, se escuchó su voz, suave y firme, ofreciendo disculpas a las muchachas porque durante todo el curso había privilegiado a los alumnos, quienes -ahora- estaban traicionando ese favoritismo: ‘Y ¿saben por qué era esa predilección hacia los varones? Porque yo busco en los ojos de cada uno de ellos los ojos de mi hijo”.15
De Piti Fajardo dijo el comandante Juan Almeida Bosque: "...era un combatiente con el bisturí en una mano y el fusil en la otra…"16,25 Quizás, dada la brevedad de su vida y lo convulso de los tiempos, no tuvo la oportunidad de aportar sólidos conocimientos al avance de la profesión médica, pero sí valores imprescindibles en los galenos cubanos de hoy: el humanismo, la solidaridad, la dedicación y el sacrificio.
Piti pasó a la historia como ejemplo de que ser médico, tanto en medio de la lucha como en el contexto de la Cuba actual, implica mucho más que conocer los tecnicismos y procedimientos clínico-quirúrgicos, sino que requiere ser un buen ser humano y consagrarse a la causa de la Revolución para contribuir allí donde se es más útil.
Fidel, en discurso ante la tumba de esta figura, expresó: “Fajardo cumplió su deber, lo cumplió en la guerra como médico y soldado, lo cumplió en la paz y en el corazón de los primeros 500 niños de la Ciudad Escolar Camilo Cienfuegos. El nombre de Manuel Piti Fajardo Rivero será siempre recordado como lo que fue: médico, maestro y soldado, un revolucionario consecuente con su profesión y sus ideas políticas.17
Siguiendo el pensamiento de Fidel Castro de que donde cae un héroe nace un pueblo, en el lugar de su caída en combate se levantó una comunidad que lleva su nombre.20
Consideraciones finales
Manuel Piti Fajardo Rivero fue un excepcional revolucionario y ser humano, noble, de principios firmes y con alto sentido de la justicia y amor al prójimo, como expresaran con un enfoque anecdótico quienes lo conocieron. Tras contribuir a la causa revolucionaria desde la clandestinidad, formó parte del Cuerpo de Sanidad Militar del Ejército Rebelde, asumiendo la doble tarea de ejercer su vocación de médico cirujano y la participación e incluso dirección de tareas importantes en los combates y la guerra de guerrillas. Llevó a cabo responsabilidades de peso tras el triunfo revolucionario, como fue el enfrentamiento a las bandas contrarrevolucionarias en la zona del Escambray, donde ofrendó su vida.
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- » Recibido: 08/06/2020
- » Aceptado: 17/07/2020
- » Publicado : 29/07/2020


